ON A CLEAR DAY


Torre Mayor, Ciudad de México

He tenido la suerte de caminar este año por el Paseo de la Reforma de México, por Santa Fe, por la calle 26-avenida El Dorado de Bogotá, por su carrera Séptima, por San Isidro y Miraflores en Lima, por Isidora Goyenechea y por Apoquindo en Santiago de Chile. Claro que me he perdido Teotihuacán, Cartagena de Indias, Cuzco y el Machu Picchu o la Isla de Chiloé. Pero dicen que primero es la obligación y luego la devoción. Aunque ando yo confuso sobre cuál será mi devoción. Desde luego lo que hago se aproxima bastante y me quedan ganas de más. Hacerse una idea clara del mercado de oficinas en Latinoamérica es sin duda un ejercicio fascinante.

Aunque sea, desde luego, más difícil que conseguir esa misma idea en Europa, plena de información, continente pequeño, ciudades colmatadas con sus CBD -central business district- bien claritos, estadísticas, contactos en abundancia, noticiario constante. Latinoamérica, en cuanto al mercado de oficinas, resulta todavía bastante desconocida para una mayoría de europeos de negocios. Y ello incluye a usuarios, a inversores, a empresarios y proveedores diversos de este sector. Por delante nos queda una gran labor de divulgación: qué deberían saber los profesionales de las oficinas a uno y otro lado del Atlántico. Los europeos de los latinoamericanos. Los latinoamericanos de los europeos. La verdad es que en World Office Forum nos hemos embarcado en esa misión con entusiasmo cercano a la devoción personal.

Deben saber los latinoamericanos que necesitan mejorar la información sobre sus mercados. Más información y mejor información. Información que, a semejanza del calibre de una tubería, aunque los manuales no estén en pulgadas, necesita acomodarse al entender de quien utiliza la información. Quienes manejan los mercados en Latinoamérica deben generar información que sea útil para los profesionales internacionales, no solamente para los locales. Y hay que armar datos más fundados y sofisticados. Queda mucho por hacer.

Y deberían también saber los latinoamericanos que su inclinación a promover oficinas para venderlas en régimen de “condominio” (propiedad horizontal, propriété divise) es, en mi opinión, meterse en problemas en el medio y largo plazo. El “condominio” funciona y es seguramente deseable para la vivienda. Pero es con mucha probabilidad una semilla de dificultades de gestión para el futuro de las oficinas. Porque las empresas, a diferencia de las familias, no suelen tener una trayectoria económica estable, necesitando flexibilidad en los espacios que ocupan, para que estos se acomoden a su prosperidad o a sus baches. Y deberían liberar recursos financieros para sus propios negocios. Y también porque, con seguridad, en los próximos cinco, diez, veinte años trabajaremos de forma muy distinta a cómo lo hacemos hoy. El señor Steve Jobs, entre otros colegas de la tecnología de las comunicaciones, se cuidó bien de dejarnos esa herencia, que deberemos saber interpretar adecuadamente.

Y deben saber además, latinoamericanos y europeos, que la sostenibilidad, la sustentabilidad, según el país, es una asignatura obligada para todas las empresas modernas. Y que sus principios están consolidándose a ritmo exponencial a nivel global, porque las empresas asimilan sus “oficinas verdes”, sus “green offices”, a su Responsabilidad Social Corporativa, parte sustancial de su reputación. Algo que los promotores, inversores, financiadores o usuarios de mejor visión están rápidamente internalizando.

Y los europeos deben a su vez también saber, que Latinoamérica no es lo que muchos se piensan mientras charlan en La Croisette de Cannes o en Expo-Real de Munich sobre el próximo centro comercial en una capital centroeuropea. Mientras toman una cerveza con sus colegas de Frankfurt, Latinoamérica gana silenciosamente en estabilidad y los fondos de inversión locales se comen, digo compran, la nata del pastel. Se apoyan en un crecimiento demográfico que sitúa a Latinoamérica en clara ventaja frente a Europa, un continente que envejece sin aparente remisión a la vista. Y por tanto con menos actividad. En Latinoamérica, en cambio, si los gobiernos saben embridar, con educación, igualdad de oportunidades y tecnología, el potencial de la generación de jóvenes que está tocando a la puerta, se va a producir una prosperidad acelerada.

Costanera Center

Subí a a la planta 51ª de la Torre Mayor en México, a la 52ª de la Torre Titanium La Portada en Santiago. Y subí en un montacargas de obra a la planta cincuentaynosécuantas de la Torre Costanera, también de Santiago. Desde esta última, que será la torre más alta de América del Sur, intenté divisar la Torre Mayor, la más alta de Ciudad de México. No la llegué a ver, seguramente porque el día no estaba suficientemente claro. Pero estoy seguro de que está allá arriba al norte. Como estoy seguro de que en el recorrido entre ambas ciudades hay mucho movimiento en el sector de oficinas, un montón de trabajo a hacer y buen negocio para todo el que lo sepa ver.

Titanium La Portada

Y ya iremos al Machu Picchu.

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