CIUDADES EMERGENTES Y SOSTENIBLES


It happens everywhere...

El Banco Interamericano de Desarrollo ha creado un nuevo programa con este nombre, para ayudar en el crecimiento ordenado y sostenible de las ciudades medias de Latinoamérica. Su nueva plataforma refleja una intención indiscutiblemente positiva: mejorar las oficinas públicas en Paraguay o revitalizar el centro histórico de Veracruz, son sin duda proyectos bienvenidos. Muchos de ellos, funcionando al unísono y aprovechando la experiencia conjunta para depurar los procesos, deberían aportar nuevas ideas para planificar sobre la creciente urbanización del continente. Por lo que sé, los proyectos puestos en marcha son una selección que permitirá diseñar una estrategia más amplia para las aproximadamente 150 ciudades de entre trescientos mil y dos millones de habitantes en Latinoamérica.

Vivimos precisamente en el año en que el equilibrio rural-urbano se ha inclinado, de forma ya definitiva, por una humanidad más urbana que rural. Parece por ello adecuada esta aproximación “desde abajo”, que permita investigar y ayudar en el proceso de conversión de muchas ciudades pequeño-medianas en mediano-grandes o grandes. No todas crecerán por igual, y algunas seguirán siendo manejables desde el punto de vista infraestructural, pero es probable que otras, de entre esas 150 ciudades, se llegue a convertir en una mega-ciudad, con las dificultades que ello supone. Yo creo que es precisamente la gestión de las mega-ciudades, las actuales y las del futuro, lo que representa el gran reto para los responsables públicos, los urbanistas, los gestores de infraestructuras y el sector inmobiliario.

En estos tres meses pasados he visitado tres ciudades que se enfrentan a tal reto: Ciudad de México, Bogotá y Estambul. Las tres de densidad de población media-alta o alta (8.400, 13.500, 7.700 habitantes por kilómetro cuadrado, respectivamente). No comparable a la de las grandes ciudades asiáticas (Mumbai, Calcuta, Seúl, etc.), pero acercándosele. De hecho la densidad de Bogotá es ya superior a la de Shanghai. [Fuente: CityMayors]. No sorprende, por tanto, que las tres ciudades tengan como característica común la elevada congestión de tráfico rodado y su consiguiente abundante emisión de CO2.

Torre Mayor, Ciudad de México

Las tres tienen también en común un pujante sector de oficinas modernas del que el Paseo de la Reforma en México, la Calle 26 – Av. El Dorado en Bogotá o la Büyükere Caddessi de Estambul son buena muestra. Los edificios se construyen en esas avenidas con estándares internacionales de eficiencia energética, que se corresponden con las exigencias cada vez más habituales de los grandes inquilinos corporativos.

Deberían estas ciudades, con prosperidad creciente y población joven, mirar a estos edificios más allá de su valor icónico. Se me ocurren varios beneficios inmediatos:

1. Los edificios son responsables de una alta proporción del consumo energético de la ciudad. Transmitir conocimiento a los promotores o propietarios de los edificios de oficinas, para que los hagan más sostenibles, es un proceso relativamente simple: no son muchos edificios, suelen ser grandes y no son muchas personas las que deciden. El impacto positivo es por tanto relativamente rápido y puede ser grande.

2. Ese nuevo conocimiento, que promotores y propietartios de edificios de oficinas están aplicando en cuanto a construcción sostenible, porque el mercado –inquilinos, inversores- les obliga, puede muy bien aprovecharse, extendiéndolo al resto de la edificación, o incluso otros sectores económicos. Si se me permite el símil, de la misma manera que la industria automovilística aprovecha la experiencia de las carreras de Fórmula 1. Y no sólo desde el punto de vista tecnológico: también desde el económico, ya que los precios en el sector de oficinas se ajustan de forma bastante elástica a las exigencias de la demanda y la competencia.

3. Como parte de la misma tendencia global hacia un mundo más urbano, las sociedades no sólo se convierten en más urbanas, sino que se “terciarizan”: se dedican más a la prestación de servicios. Y para eso hacen falta más oficinas. Y por ello cada vez más personas trabajan en ellas. No será difícil traspasar una cultura sostenible a los trabajadores de una oficina si en ella se siguen esos criterios, en la construcción del propio edificio y en la gestión del mismo.

Sin duda los gestores públicos tienen que ser protagonistas en responder, con su impulso, al reto de hacer las grandes ciudades más sostenibles. Pero el éxito no se conseguirá a menos que la sociedad en su conjunto, imbuida de una fuerte cultura que convierta la sostenibilidad en parte de la vida diaria, haga suyo el esfuerzo.

Para ello las oficinas sostenibles son una ayuda irremplazable.

[WOF México 2011, evento de World Office Forum sobre el sector de oficinas de Ciudad de México, se celebrará en Torre Mayor, planta 51, el 7 de julio de 2011]

[WOF Bogotá 2011, evento de World Office Forum sobre el sector de oficinas de Bogotá, se celebrará en el Hotel Marriott Bogotá, el 12 de julio de 2011]

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