LA CONTRAINTE IMMOBILIÈRE


Lo único bueno que tienen las demoras en los aeropuertos es que cuando uno va en reserva acaba leyendo todo lo que le cae a mano. Me tropiezo en Le Figaro con un corto con el título de aquí arriba sobre el mercado de oficinas de París firmado por Bernard Audibert, del IEIF –Institut de l’Epargne Immobiliére & Fonciére-. Conocí hace años a Guy Marty, que fundó esa organización y sé que hacen análisis interesantes.

En este artículo explican su seguimiento de la evolución del empleo en oficinas en París centro y en su periferia, Hauts-de-Seine, entre 1992 y 2009. París centro ha pasado en esos 17 años de 538.131 empleos a 541.321, o sea que está prácticamente igual (+0,6%). En la periferia, incluyendo La Défense, ha crecido de 189.505 empleos a 398.387, más del doble (+110,2%). Y dan otro dato significativo: mientras el tamaño medio de las empresas en el centro de París se mantiene en 12 empleados, en la periferia ha crecido de 17 a 28.

Concluye Audibert que el inmobiliario de oficinas determina el empleo, que la variable física manda sobre la variable económica. Y que la constricción del espacio incita a la empresas, en sus reagrupaciones de filiales, fusiones, etc., a abandonar París en favor de la periferia, donde el espacio es menos restrictivo.

Me imagino que los actores del mercado madrileño de oficinas la historia les sonará familiar: cada vez son más las grandes empresas que se alejan del centro. Cuando a la constricción física de los edificios del centro de Madrid le añadimos los nuevos retos de la sostenibilidad en la edificación, el empuje centrífugo es doble, porque la reforma del parque de edificios antiguos es de amortización larga. Las consecuencias son varias y no deseables: mayores tiempos de viaje, vaciado de actividad económica para la infraestructura comercial que ya existe en el centro y ha de ser replicada en la periferia, mayores costes por dotación de infraestructuras, más energía consumida (más CO2 emitido) por más kilómetros recorridos por los trabajadores. No puedo evitar preguntarme si tiene sentido andar pensando en coches eléctricos y cosas así si, al mismo tiempo, no hacemos una reflexión en profundidad sobre el urbanismo sostenible, que estoy convencido debería apoyar una ciudad más compacta.

Hacen falta edificios de oficinas modernos y eficientes para atraer a las empresas. Gobiernos y urbanistas deben encontrar espacio para ellos en el centro de la ciudad, favoreciendo la actualización del parque existente, a base de ganar altura, o liberando espacios que están infra-utilizados.

Ahí están las pistas de los parisinos de lo que pasa si no se hace.

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