VOZ, DATOS… Y CALOR


Almon Brown Strowger, además de inventor, era el dueño de una funeraria en Kansas City. Corría el año 1888. Un día descubrió que la esposa de su competidor en el negocio de pompas –fúnebres-, trabajaba de operadora en la central telefónica. Y además que la señora, se ve que no muy hábil con las clavijas, cada vez que alguien llamaba a la central y pedía hablar con la funeraria de Strowger, se “confundía” y le pasaba la llamada a su marido que, valga la expresión, “cargaba con el muerto”. Y cobraba el entierro, claro.

Strowger se debió enfadar bastante, agudizó el ingenio e inventó un aparato con el que se eliminaba a la operadora, a la torpe y luego a muchas otras. El Strowger switch, que fue patentado en 1891, permitía que quien realizaba una llamada seleccionara directamente a quién deseaba llamar, sin intermediación manual. Strowger fue de hecho el primer propietario de una central telefónica automática, en La Porte (Indiana) en 1892, con 75 abonados. El Strowger switch se fue perfeccionando, le sucedió el crossbar switch y estos sistemas electromecánicos han dominado el procesamiento de llamadas telefónicas hasta hace pocos años.

La telefonía creció de forma explosiva. En España se inauguró la primera central telefónica automática tal día como ayer, el 29 de diciembre de 1926. El gobierno de entonces optó por intentar sustituir de golpe la telefonía manual con un sistema automático, para lo que instaló equipos Rotary, fabricados por la Bell Telephone Manufacturing de Amberes, que estuvieron en producción hasta 1970. En 1929 había 33.000 abonados al servicio automático. Veinte años después un millón. Hoy rondaremos los 67 millones de líneas en España. En el año 2000 la transmisión de datos superó a la transmisión de voz, y seguro que nos queda mucho que ver en este campo en los próximos años, en que Internet, telefonía y televisión están en un “collision course”, de consecuencias impredecibles.

A partir de un cierto momento, a los sistemas electromecánicos, aparellajes grandes y con mucho hierro, lentos y que requerían mantenimiento, les sustituyeron los ordenadores: compactos, un montón de veces –miles supongo- más eficientes, y… que producen mucho calor… y, además, no les gusta el calor. Por ello las centrales telefónicas son edificios en su mayoría obsoletos en cuanto a su uso, porque con su altura entre forjados de 3,5 metros y poca ventilación, son costosas de enfriar. Aunque una vez visité una en la que se utilizaba un sencillo sistema de free cooling, algo así como abrir las ventanas por la noche cuando fuera hace más fresco que dentro y cerrarlas cuando es al revés. Lo que yo en mi casa en verano, vamos, pero el efecto en general es marginal.

El mismo problema tienen los modernos centros de datos cuyo consumo energético en refrigeración es enorme –entre 1.8 y 2.5 veces el consumo de los propios equipos-. Gente como Cisco Systems (Dynamic Host Configuration Protocol) o HP (Dynamic Smart Cooling) trabajan activamente en diseñar sistemas inteligentes de enfriamiento que consuman menos energía, porque saben que el futuro abre múltiples retos y oportunidades en esta área.

Cómo ahorrar en energía sin subir lo que en un centro de proceso de datos se denomina baseline temperature y no comprometer así la seguridad de los datos, o cómo hacerlo en un edificio de oficinas sin comprometer la productividad de los trabajadores son dos aspectos del mismo problema, con el que de forma cada vez más habitual nos vamos a tener que enfrentar. Para los edificios de oficinas, en particular los que ya llevan en uso algún tiempo, como le pasa a las centrales telefónicas obsoletas, la lucha contra el calor es una asignatura en buena parte pendiente. Todavía los equipos los toquetean los usuarios. Algo así como si al subir a un avión no hubiese ni piloto ni ordenadores, sino que los pasajeros fuésemos tocando los controles para que el avión volase al gusto de cada uno… Si de verdad queremos tener edificios de oficinas sostenibles habrá que cambiar motores y equipos, modificar criterios de diseño y utilizar los mecanismos y el software apropiado. Los expertos y la tecnología ya están ahí. Y que los pasajeros, digo los oficinistas, se sienten y duerman, digo trabajen.

Y no creo que haga falta que venga ningún enterrador a inventar nada, de momento.

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