ARQUITECTOS: LA QUINTA RESPONSABILIDAD

Pudong, just the beginning...

En el trascurso de la historia han tenido siempre los arquitectos distintas responsabilidades, cada una en mayor o menor grado según la época en que les ha tocado vivir. Yo las resumiría en cuatro principales: la técnica, la funcional, la económica y la estética. En pocas palabras: los edificios deben mantenerse en pie y resistir el impacto de los elementos exteriores, deben responder a las necesidades de los usuarios y acogerlos con el mayor confort, deben ser económicos de construir y mantener y deben ser apreciados por su belleza por quienes los contemplen.

Cada arquitecto resuelve esto a su manera, con mayor o menor acierto, y se marca sus prioridades, en base a su propia visión, “la mirada del arquitecto”, y los determinantes de la demanda del mercado en el que actúa profesionalmente, a menudo económicos. Los edificios de oficinas, por su doble naturaleza de inmuebles de uso y de inversión son parte de un constante debate económico y financiero.

A ese debate, de por sí interesante y permanente, se unen hoy en día otras dos circunstancias:

  • Las necesidades de los usuarios de oficinas están cambiando. El impacto de la tecnología de comunicaciones, con los teléfonos inteligentes, tabletas –iPad, etc.- y la disponibilidad permanente de datos y programas en “la nube”, hacen que el trabajador no requiera su constante asistencia a la oficina para poder generar valor para su empresa. Se trata de una “revolución silenciosa” en la que todos estamos inmersos y que colectivamente cambia la economía global minuto a minuto.
  • Surge “La Quinta Responsabilidad” del arquitecto. Ya no basta con que los edificios no se caigan, sean confortables, económicos y bonitos. Tienen que ser además “sostenibles”. Lo que quiere decir más que meramente eficientes desde el punto de vista energético. Los edificios tienen que respetar el medioambiente, el de su entorno, el de su ciudad, el del planeta. Y deben hacerlo de forma independiente a la mera economía.

Encuentra así el arquitecto, en la sostenibilidad, una nueva responsabilidad que añadir a su “fórmula magistral”. Y el gran reto no está realmente en los nuevos edificios que erigimos, sino en qué hacer con los que ya existen para que cumplan con estas nuevas exigencias. En la UE existen en 2011, 13,642,569 edificios de oficinas, de los que según los criterios definitorios de la Ecolabel que se encuentra en estudio, se estima que 3,162,201, necesitan ser renovados (los de entre 41 y 50 años de edad) y 1,909,588 nuevos edificios precisan ser construidos para sustituir a los edificios de más de 92 años de edad.

Tal vez pueda parecer que los criterios normativos de la UE son demasiado rigurosos y que es improbable que se cumplan, pero dado el elevado consumo energético de este tipo de edificios, estimado 10 veces superior al de la vivienda, parece improbable que la presión cese. Pero es que además para el caso de los edificios de oficinas surgen dos factores reforzantes a esta tendencia normativa:

  • Los inquilinos multinacionales asocian “sostenibilidad” a “buena reputación”. La mayoría de las grandes empresas, en sus definiciones de Responsabilidad Social Corporativa están incorporando con celeridad el “uso de oficinas sostenibles”, porque consideran que, además de económicamente, “lo verde” les ayuda a mejorar su imagen ante sus clientes.
  • Los inversores institucionales, o los “asset managers” que responden ante ellos, buscan cumplir con estos nuevos criterios de sostenibilidad, por no verse en problemas a la hora de deshacer una inversión dentro de unos años si la normativa avanza con más celeridad de la prevista. Y porque perciben que van a ser capaces de encontrar mejores inquilinos.

Los arquitectos, por tanto, tienen necesidad de recoger el guante, los guantes, y asumir el liderazgo en esta “Quinta Responsabilidad” sin abandonar las anteriores. Triunfarán aquellos que le entreguen mayor dedicación y sean capaces de hacerlo con mayor conocimiento.

Y si en Europa tenemos todo este trabajo con edificios nuevos y renovación de los antiguos, y Europa supone únicamente el 11% de las emisiones de C02 del planeta, imaginen el tamaño del reto global. Sólo en China se estima que en la próxima década 100 millones de personas acudirán a vivir y trabajar en sus ciudades. ¿Cuántas oficinas son ésas? ¿Cuánto nuevo negocio podemos conseguir los europeos en esta cuestión a nivel mundial?

World Office Forum estará en Shanghai en junio de 2012.

ON A CLEAR DAY

Torre Mayor, Ciudad de México

He tenido la suerte de caminar este año por el Paseo de la Reforma de México, por Santa Fe, por la calle 26-avenida El Dorado de Bogotá, por su carrera Séptima, por San Isidro y Miraflores en Lima, por Isidora Goyenechea y por Apoquindo en Santiago de Chile. Claro que me he perdido Teotihuacán, Cartagena de Indias, Cuzco y el Machu Picchu o la Isla de Chiloé. Pero dicen que primero es la obligación y luego la devoción. Aunque ando yo confuso sobre cuál será mi devoción. Desde luego lo que hago se aproxima bastante y me quedan ganas de más. Hacerse una idea clara del mercado de oficinas en Latinoamérica es sin duda un ejercicio fascinante.

Aunque sea, desde luego, más difícil que conseguir esa misma idea en Europa, plena de información, continente pequeño, ciudades colmatadas con sus CBD -central business district- bien claritos, estadísticas, contactos en abundancia, noticiario constante. Latinoamérica, en cuanto al mercado de oficinas, resulta todavía bastante desconocida para una mayoría de europeos de negocios. Y ello incluye a usuarios, a inversores, a empresarios y proveedores diversos de este sector. Por delante nos queda una gran labor de divulgación: qué deberían saber los profesionales de las oficinas a uno y otro lado del Atlántico. Los europeos de los latinoamericanos. Los latinoamericanos de los europeos. La verdad es que en World Office Forum nos hemos embarcado en esa misión con entusiasmo cercano a la devoción personal.

Deben saber los latinoamericanos que necesitan mejorar la información sobre sus mercados. Más información y mejor información. Información que, a semejanza del calibre de una tubería, aunque los manuales no estén en pulgadas, necesita acomodarse al entender de quien utiliza la información. Quienes manejan los mercados en Latinoamérica deben generar información que sea útil para los profesionales internacionales, no solamente para los locales. Y hay que armar datos más fundados y sofisticados. Queda mucho por hacer.

Y deberían también saber los latinoamericanos que su inclinación a promover oficinas para venderlas en régimen de “condominio” (propiedad horizontal, propriété divise) es, en mi opinión, meterse en problemas en el medio y largo plazo. El “condominio” funciona y es seguramente deseable para la vivienda. Pero es con mucha probabilidad una semilla de dificultades de gestión para el futuro de las oficinas. Porque las empresas, a diferencia de las familias, no suelen tener una trayectoria económica estable, necesitando flexibilidad en los espacios que ocupan, para que estos se acomoden a su prosperidad o a sus baches. Y deberían liberar recursos financieros para sus propios negocios. Y también porque, con seguridad, en los próximos cinco, diez, veinte años trabajaremos de forma muy distinta a cómo lo hacemos hoy. El señor Steve Jobs, entre otros colegas de la tecnología de las comunicaciones, se cuidó bien de dejarnos esa herencia, que deberemos saber interpretar adecuadamente.

Y deben saber además, latinoamericanos y europeos, que la sostenibilidad, la sustentabilidad, según el país, es una asignatura obligada para todas las empresas modernas. Y que sus principios están consolidándose a ritmo exponencial a nivel global, porque las empresas asimilan sus “oficinas verdes”, sus “green offices”, a su Responsabilidad Social Corporativa, parte sustancial de su reputación. Algo que los promotores, inversores, financiadores o usuarios de mejor visión están rápidamente internalizando.

Y los europeos deben a su vez también saber, que Latinoamérica no es lo que muchos se piensan mientras charlan en La Croisette de Cannes o en Expo-Real de Munich sobre el próximo centro comercial en una capital centroeuropea. Mientras toman una cerveza con sus colegas de Frankfurt, Latinoamérica gana silenciosamente en estabilidad y los fondos de inversión locales se comen, digo compran, la nata del pastel. Se apoyan en un crecimiento demográfico que sitúa a Latinoamérica en clara ventaja frente a Europa, un continente que envejece sin aparente remisión a la vista. Y por tanto con menos actividad. En Latinoamérica, en cambio, si los gobiernos saben embridar, con educación, igualdad de oportunidades y tecnología, el potencial de la generación de jóvenes que está tocando a la puerta, se va a producir una prosperidad acelerada.

Costanera Center

Subí a a la planta 51ª de la Torre Mayor en México, a la 52ª de la Torre Titanium La Portada en Santiago. Y subí en un montacargas de obra a la planta cincuentaynosécuantas de la Torre Costanera, también de Santiago. Desde esta última, que será la torre más alta de América del Sur, intenté divisar la Torre Mayor, la más alta de Ciudad de México. No la llegué a ver, seguramente porque el día no estaba suficientemente claro. Pero estoy seguro de que está allá arriba al norte. Como estoy seguro de que en el recorrido entre ambas ciudades hay mucho movimiento en el sector de oficinas, un montón de trabajo a hacer y buen negocio para todo el que lo sepa ver.

Titanium La Portada

Y ya iremos al Machu Picchu.

¿POR QUÉ BOGOTÁ?

Calle 26: Ciudad Empresarial Sarmiento Angulo -construida en parte- al fondo y Centro Administrativo Nacional -CAN- al frente

Durante tiempo Colombia ha sido, desde el punto de vista europeo, “un país más” en Latinoamérica. De aquellos que cuando ha tenido impacto en los noticieros lo ha sido casi exclusivamente por razones negativas, sin que se prestara mucha atención a la realidad política, económica y social del país, café y literatura aparte. Mientras tanto, Colombia ha seguido trabajando y progresando, generando estabilidad y crecimiento. Sin duda las grandes empresas, con equipos de investigación comercial que trabajan en estrategias globales, ya miraban hacia el país, pero lo que ahora sucede es que también a los empresarios e inversores medianos europeos, españoles incluidos, se les ha encendido una lucecita en el panel de instrumentos: Colombia es un lugar a estar.

Cuando en World Office Forum pensamos en nuestra expansión desde Europa hacia Latinoamérica, consideramos cinco países en una primera fase: México, Colombia, Perú, Chile y Brasil. Creímos percibir la bondad de algunas variables macroeconómicas en cada uno de ellos y su interpretación por los inversores inmobiliarios institucionales internacionales, lo que podríamos llamar fondos “4i”. En el caso de Colombia, y específicamente de Bogotá, nuestras dos visitas exploratorias en los últimos tres meses han confirmado favorablemente nuestra impresión desde la distancia.

Colombia dispone de energía renovable –hidroeléctrica- y agua dulce, abundantes. Demasiada agua dulce… dirían los colombianos en este año, pero un valor importante en el largo plazo. Extracción de petróleo a media tabla a nivel global –casi el 40% de Venezuela-, pero creciendo de forma continuada y, sobre todo, producción y exportación de carbón, por encima de 75 millones de Tm, con las mayores reservas de América del Sur después de Brasil. Resulta ilustrativo, por otra parte, comparar la estructura poblacional de España con la de Colombia: con población semejante, 44,7 millones Colombia por 46,5 millones España, mientras Colombia tiene 13,2 millones de niños (menores de 14 años), España tiene 6,6 millones y mientras Colombia tiene 2,6 millones de ancianos (mayores de 65 años) España tiene 7,6 millones. Si Colombia consigue educar de forma adecuada a su población infantil, el potencial es enorme. Podemos ir sumando variables: por ejemplo, si el tráfico aéreo mundial creció el 8% en 2010, el de Colombia lo hizo el 27%.

Colombia se enfrenta a grandes retos: educar a sus jóvenes, reducir las grandes desigualdades sociales, mejorar sus insuficientes infraestructuras o dotarse de una política industrial, complementaria a su agricultura y minería, que la proteja en una economía globalizada y ayude a generar más empleo. Pero tiene buenos elementos básicos.

En este contexto, Bogotá viene desarrollando una vocación de “centro de negocios regional”, incluyendo a Centroamérica, que desde World Office Forum nos hemos propuesto explorar. Como ciudad de tamaño medio a nivel mundial, Bogotá resulta todavía controlable pero sufre de carencias para que esos inversores “4i” (Inversores Inmobiliarios Institucionales Internacionales) de los que aquí arriba hablamos, tomen políticas más decididas de inversión: falta una buena información estructurada del mercado en cuanto a precios, disponibilidad, oferta futura o contratación; falta una dinámica productiva más inclinada al alquiler que a la venta en división horizontal; falta mejorar la infraestructura urbana de transporte y, si se quiere de verdad apuntar a ser un centro regional de negocios, falta mejorar la comunicación aérea, en número de rutas y en calidad aeroportuaria.

Lo que se está haciendo en su sector de oficinas va en la buena dirección. Se está entregando nuevo espacio de la calidad que hoy demandan las grandes empresas nacionales y multinacionales, con gran atención a la sostenibilidad como criterio, en línea con lo que se podría esperar en cualquier capital europea. Es posible que Bogotá deba trabajar más en el desarrollo de un CBD (“central business district”) que ayude a dar confianza a los inversores internacionales, muchos de los cuáles se sienten más cómodos cuando adquieren edificios en una zona consolidada, no aislados. La Calle 26 – Av. El Dorado tiene las mejores características para convertirse en esa zona: linealidad –y en consecuencia posibilidad de transporte eficiente-, terreno relativamente abundante, cierto grado de consolidación y comunicación hacia el Aeropuerto El Dorado. Es éste también un tema sobre el que querremos debatir en nuestra conferencia del 12 de julio.

En World Office Forum nos entusiasma la idea de colaborar a clarificar y servir de estímulo para más y mejores ideas que ayuden al desarrollo del sector de oficinas de esta prometedora ciudad. Porque estamos convencidos de que un sector de oficinas pujante no es sólo la consecuencia de una economía en alza, sino un factor que por sí mismo contribuye al desarrollo económico.

CIUDADES EMERGENTES Y SOSTENIBLES

It happens everywhere...

El Banco Interamericano de Desarrollo ha creado un nuevo programa con este nombre, para ayudar en el crecimiento ordenado y sostenible de las ciudades medias de Latinoamérica. Su nueva plataforma refleja una intención indiscutiblemente positiva: mejorar las oficinas públicas en Paraguay o revitalizar el centro histórico de Veracruz, son sin duda proyectos bienvenidos. Muchos de ellos, funcionando al unísono y aprovechando la experiencia conjunta para depurar los procesos, deberían aportar nuevas ideas para planificar sobre la creciente urbanización del continente. Por lo que sé, los proyectos puestos en marcha son una selección que permitirá diseñar una estrategia más amplia para las aproximadamente 150 ciudades de entre trescientos mil y dos millones de habitantes en Latinoamérica.

Vivimos precisamente en el año en que el equilibrio rural-urbano se ha inclinado, de forma ya definitiva, por una humanidad más urbana que rural. Parece por ello adecuada esta aproximación “desde abajo”, que permita investigar y ayudar en el proceso de conversión de muchas ciudades pequeño-medianas en mediano-grandes o grandes. No todas crecerán por igual, y algunas seguirán siendo manejables desde el punto de vista infraestructural, pero es probable que otras, de entre esas 150 ciudades, se llegue a convertir en una mega-ciudad, con las dificultades que ello supone. Yo creo que es precisamente la gestión de las mega-ciudades, las actuales y las del futuro, lo que representa el gran reto para los responsables públicos, los urbanistas, los gestores de infraestructuras y el sector inmobiliario.

En estos tres meses pasados he visitado tres ciudades que se enfrentan a tal reto: Ciudad de México, Bogotá y Estambul. Las tres de densidad de población media-alta o alta (8.400, 13.500, 7.700 habitantes por kilómetro cuadrado, respectivamente). No comparable a la de las grandes ciudades asiáticas (Mumbai, Calcuta, Seúl, etc.), pero acercándosele. De hecho la densidad de Bogotá es ya superior a la de Shanghai. [Fuente: CityMayors]. No sorprende, por tanto, que las tres ciudades tengan como característica común la elevada congestión de tráfico rodado y su consiguiente abundante emisión de CO2.

Torre Mayor, Ciudad de México

Las tres tienen también en común un pujante sector de oficinas modernas del que el Paseo de la Reforma en México, la Calle 26 – Av. El Dorado en Bogotá o la Büyükere Caddessi de Estambul son buena muestra. Los edificios se construyen en esas avenidas con estándares internacionales de eficiencia energética, que se corresponden con las exigencias cada vez más habituales de los grandes inquilinos corporativos.

Deberían estas ciudades, con prosperidad creciente y población joven, mirar a estos edificios más allá de su valor icónico. Se me ocurren varios beneficios inmediatos:

1. Los edificios son responsables de una alta proporción del consumo energético de la ciudad. Transmitir conocimiento a los promotores o propietarios de los edificios de oficinas, para que los hagan más sostenibles, es un proceso relativamente simple: no son muchos edificios, suelen ser grandes y no son muchas personas las que deciden. El impacto positivo es por tanto relativamente rápido y puede ser grande.

2. Ese nuevo conocimiento, que promotores y propietartios de edificios de oficinas están aplicando en cuanto a construcción sostenible, porque el mercado –inquilinos, inversores- les obliga, puede muy bien aprovecharse, extendiéndolo al resto de la edificación, o incluso otros sectores económicos. Si se me permite el símil, de la misma manera que la industria automovilística aprovecha la experiencia de las carreras de Fórmula 1. Y no sólo desde el punto de vista tecnológico: también desde el económico, ya que los precios en el sector de oficinas se ajustan de forma bastante elástica a las exigencias de la demanda y la competencia.

3. Como parte de la misma tendencia global hacia un mundo más urbano, las sociedades no sólo se convierten en más urbanas, sino que se “terciarizan”: se dedican más a la prestación de servicios. Y para eso hacen falta más oficinas. Y por ello cada vez más personas trabajan en ellas. No será difícil traspasar una cultura sostenible a los trabajadores de una oficina si en ella se siguen esos criterios, en la construcción del propio edificio y en la gestión del mismo.

Sin duda los gestores públicos tienen que ser protagonistas en responder, con su impulso, al reto de hacer las grandes ciudades más sostenibles. Pero el éxito no se conseguirá a menos que la sociedad en su conjunto, imbuida de una fuerte cultura que convierta la sostenibilidad en parte de la vida diaria, haga suyo el esfuerzo.

Para ello las oficinas sostenibles son una ayuda irremplazable.

[WOF México 2011, evento de World Office Forum sobre el sector de oficinas de Ciudad de México, se celebrará en Torre Mayor, planta 51, el 7 de julio de 2011]

[WOF Bogotá 2011, evento de World Office Forum sobre el sector de oficinas de Bogotá, se celebrará en el Hotel Marriott Bogotá, el 12 de julio de 2011]

INTROSPECCIÓN… ARQUITECTURA, ENTORNO Y SUSTENTABILIDAD

FIRMA INVITADA: Mauricio, Arturo y Jorge Arditti. Arditti+RDT/Arquitectos, México.

Jorge, Mauricio y Arturo Arditti

Históricamente, entendemos que la arquitectura contiene una energía inherente intrínseca que tiene la capacidad de inducir eventos y un profundo impacto en respuestas sociales, lo cual la distingue de otras expresiones creativas. En el presente, su papel dentro de la sustentabilidad y el balance adecuado del comportamiento natural del planeta, la someten a un reto sin antecedentes.

En Arditti+RDT/Arquitectos creemos firmemente que el entendimiento del término “Arquitectura” se basa en la capacidad de integración de una serie de componentes que en conjunto validan su autenticidad. Cada proyecto es afrontado como una situación particular que requiere cohesión y balance; la arquitectura comienza repentinamente con una idea formal y funcional que es inteligentemente manipulada hacia la creación de un resultado espacial construido que responde a sus habitantes, improvisando su calidad de vida y su relación con el medio ambiente. La arquitectura equilibra valores estéticos con una sensibilidad cultural ecológica y contextual, siendo responsable de proponer nuevas formas de expresión que visualizan el futuro respetando el pasado y el medio ambiente.

Actualmente es una obligación el considerar e integrar soluciones ecológicas y sustentables a valores arquitectónicos tradicionales como proporción, composición, color, textura, macizos y vanos, luz y sombra, contexto y escala humana en relación a los edificios.

Elementos estructurales deben de responder a realidades económicas en esta época de mayor conciencia financiera.

Nuestro proceso comienza con una idea; un concepto teórico originario el cual es redefinido, cuestionado y probado en el transcurso evolutivo de cada proyecto. Es en este transcurso en donde yace el ingenio necesario para conducir a cada concepto a una realidad manifiesta.

Continuas transformaciones y revisiones se aplican a ideas generatrices, enfocando nuestro trabajo hacia nuevas direcciones que retan soluciones conocidas probadas.

La inevitable continuidad en la cual los proyectos heredan remanentes de sus antecesores, provee un marco inicial de trabajo para esta flexibilidad de imaginación durante el proceso creativo.

Para comprender porque la continuidad y el balance juegan un papel tan relevante en nuestro trabajo y porque una experimentación evolutiva es clave de nuestro proceso, uno debe entender la particularidad de nuestro entorno de trabajo: la Ciudad de México.

En muchos aspectos, esta metrópolis que contiene nuestra oficina y la mayoría de nuestros proyectos, presenta un carácter fundamental que se manifiesta en nuestro proceso de diseño. La ciudad de México está enmarcada por muchas de nuestras preocupaciones que persisten en nuestra Arquitectura, tal como una sensibilidad histórica dentro de un lugar con un deseo poderoso de modernizarse e integrarse a una comunidad global.

En los primeros siglos del milenio pasado, los Aztecas eran una tribu nómada en busca de un acontecimiento sagrado que se convirtiera en razón de convertirlos en sedentarios. En el año de 1325, una “águila devorando una serpiente parada sobre una planta de nopal localizada en un pequeño islote, rodeado por un lago” se volvió el símbolo de México y dio nacimiento a la ciudad prehispánica de Tenochtitlán, la cual a la postre se convertiría en la ciudad de México, una de las más grandes del mundo.

Gracias a ese episodio particular (el águila devorando a la serpiente); la ciudad de México floreció a pesar de su localización desfavorable para una megalopolis de su proporción. Primero los Aztecas construyeron la ciudad sobre agua, edificando sobre cimentaciones en rellenos de tierra; hoy en día, cerca de una tercera parte del área metropolitana se encuentra sobre lo que era el lago. Segundo, la ciudad está en un valle a 2240 metros sobre el nivel del mar, completamente rodeada por montañas excepto por una pequeña apertura hacia el noreste.

Debido a que no hay fuentes naturales de agua, este líquido preciado tiene que ser bombeado atravesando las montañas que delimitan el valle para cumplir con la demanda de su población de más de 20 millones de personas en rápida explosión demográfica. Después de su consumo, el agua debe ser desalojada nuevamente a través de drenajes profundos hacia el exterior del valle. Tercero, la ciudad se encuentra en el centro geográfico del país, equidistante a ambas costas (este y oeste) y para poder conectar la ciudad a estas costas, 400 kilómetros de carretera deben adaptarse topográficamente a las dos cordilleras montañosas que cruzan México de Norte a Sur. Estas condicionantes afectan seriamente la comunicación hacia los puntos de intercambio comercial marítimo. Cuarto, la ciudad vive una actividad sísmica intensa, situación que es acrecentada debido a que el subsuelo se ha ido debilitando durante años de secado del lago para construir sobre él. La debilidad del subsuelo se ha manifestado con hundimientos en ciertas áreas de la ciudad, dañando severamente la infraestructura urbana. En muchos casos la traza urbana se hunde disparejamente, inclinando viejas y nuevas estructuras que quedan apoyadas unas con otras y que en ocasiones se muestran inclinándose invadiendo el parámetro psicológico de las vías públicas.

La época moderna ha hecho su contribución a estas desventajas con lo que hoy en día es el problema urbano principal de la ciudad: es una de las más contaminadas del planeta. Aún peor, las zonas industriales contaminantes están mayormente establecidas en el cuadrante noreste de la ciudad y debido a que los vientos predominantes vienen del noreste, estos barren el aire contaminado hacia áreas residenciales que se encuentran contenidas por algunas de las montañas mas altas que definen el valle. Durante los meses más fríos, la Ciudad de México sufre de un fenómeno atmosférico conocido como “inversión térmica” en el cual la ausencia de temperaturas cálidas, mantiene al aire cercano al suelo afectando fuertemente a los habitantes.

Desafortunadamente esta época del año coincide con la temporada de sequía y el aire no es lavado por lluvias. Juntas estas dos condiciones intensifican la contaminación en la ciudad.

Por si no fuera suficiente, un volcán de 5500 metros de altura se ha reactivado en años recientes despojando columnas de 3000 metros de altura, con polvo volcánico que en ocasiones reposa sobre el área metropolitana.

A pesar de estas afectaciones, tanto naturales como humanas y los retos políticos, sociales y económicos de siglos pasados, los habitantes de la CIUDAD de MÉXICO han hecho de ésta, una ciudad llena de energía, un lugar que ha sido siempre una fuente de extraordinarias manifestaciones. Al que André Breton se refiere como “el más surrealista de los lugares” es un entorno de contrastes increíbles entre ricos y pobres, educados e iletrados, emprendedores y conformistas , su historia y su presente.

El presente mexicano está delineado por una sociedad que se ve así misma evolucionando constantemente y recreándose para poder acercarse al mundo exterior más desarrollado. México se encuentra eternamente atrapado entre su historia y su futuro, tratando de encontrar el balance perfecto entre ambos.

Esta visión del mundo se ve reflejada en todos los aspectos de su sociedad pero es más visible en su expresión cultural. Antiguos logros parecen diminutos cuando se comparan ante retos venideros, especialmente en un mundo veloz que demanda más en menos tiempo.

La sociedad mexicana vislumbra un mundo que a la vuelta del milenio pasa por una revolución tecnológica que ha ligado a sociedades, derrumbando barreras culturales, políticas y geográficas. Esta revolución, probablemente será recordada al paso del tiempo, como una reconfiguración drástica, como un nuevo orden mundial.

La influencia viaja más rápido y aún la realidad viaja mucho más rápido que el estudio de la realidad misma.

México quiere ser parte de ésta nueva realidad.

Despegándose de éstas influencias y filosofías, cada proceso nuevo que desarrollamos en nuestra arquitectura es inconscientemente comparado contra experimentaciones anteriores, revisando y acarreando la carga de experiencia heredada por sus antecesores. Cada proyecto es influenciado directamente por nuestra madurez y evolución personal tanto en nuestra vida privada como en el campo de la arquitectura.

El resultado final no es conocido con anticipación; nos embarcamos en cada una de estas trayectorias sin preocuparnos acerca de hacia donde nos llevará finalmente. Esta energía inherente guía a cada diseño hacia una solución y el monitoreo de su evolución nos enfrenta con ideas nuevas. Nos esmeramos en no depender de respuestas codificadas que se desenvuelven en resultados predecibles, sino en dirigir nuestro trabajo hacia una experimentación crítica y abierta. Está en nuestra responsabilidad, el evaluar el impacto de nuestros edificios a la sociedad sobre el paso del tiempo. Hay mucho que aprender de la interacción resultante entre edificios y público, un valor que nos permite discernir hasta que grado, los edificios son capaces de mantener una integridad arquitectónica. Los buenos edificios envejecen gradualmente hasta que son capaces de detener ese proceso y eventualmente permanecer como herencia de una era. Es de nuestro interés el entender la relación entre “arquitectura y valores atemporales” y el tomar en consideración las tantas preocupaciones que enfrenta cada reto individual de diseño.

(Mauricio, Arturo y Jorge Arditti participarán como ponentes en WOF México 2011)

LA TOUR PHARE

He estado algunas veces en el CNIT -Centre des Nouvelles Industries et Technologies- de la Défense, un centro de congresos multiuso con auditorio, tiendas y un hotel. Nunca me ha impresionado en especial, salvo en que es grande. Hay que reconocer el cierto valor arquitectónico de su fachada acristalada y el alarde de ingeniería que supone su bóveda de hormigón, todavía hoy la de mayor distancia libre sin apoyos del mundo, pero el aspecto interior es el un de gran “hall” de estación en desuso, sin trenes, y yo creo que le pesaban los años: lo inauguró Charles de Gaulle en 1958, cuando La Defénse ni siquiera existía. Leo que en 2009 lo han vuelto a remodelar y supongo que habrá mejorado, no lo he visto desde entonces. Es sólo el preludio de una gran sinfonía inmobiliaria.

La Défense, en Francia, es casi un tema de estado. Un estandarte del poderío económico e inmobiliario francés que el “establishment” galo se preocupa de cuidar. Lo que no quita que Epadesa –Établissement Public d’Aménagement de la Défense Seine Arche-, especie de junta de compensación de la Défense, haya pasado varios años peleando con Unibail-Rodamco sobre la licencia y en particular sobre quién pagaba toda la modificación de infraestructuras que su nuevo gran edificio de oficinas, la Tour Phare, que será el más alto de Francia, supone. Cuesta trabajo imaginar cómo han conseguido los arquitectos encajar esta nueva construcción entre vías de tren y autopistas y situarlo entre el Gran Arche –Espace Gran Arche- y el CNIT, ambos por cierto propiedad igualmente de Unibail-Rodamco. A primera vista la compañía consolida su zona, en la que explota espacio comercial y de congresos.

Hay quien dice que el proyecto es de mucho riesgo por la abundancia de oferta futura en la zona, pero yo creo que el señor Guillaume Poitrinal no se equivoca y 900 millones de euros, que es el coste inicial estimado del proyecto, incluido el terreno, no parece excesivo para un edificio de 146.988 m2 netos, que en el mercado de la Defénse debería ser capaz de conseguir rentas de entre 38 y los 45 euros/m2/mes. Si la economía francesa se mueve como debería a cinco años vista.

Unibail-Rodamco realizará un proyecto de Thom Mayne (1944, Pritzker 2005), arquitecto ecléctico propietario del estudio Morphosis, que ha concebido un diseño sin duda atrevido, que integra el CNIT con la nueva torre. De hecho lo conecta por escaleras mecánicas exteriores acristaladas que ascenderán hasta la novena planta del edificio. La torre en sí, de 300 metros de altura, se apoya en tres “patas”, a modo de trípode, dos funcionales, “Trapezium” y “East Building” y una estructural, dejando entre ellas una plaza de paso de unos 700 m2. A nivel de la planta 11 se sitúa el “Grand Hall”, acomodado por la silueta abombada que se aprecia en el diseño, de 78 metros de altura interior y del que parte toda la comunicación vertical del edificio. La fachada es plana y de máxima transparencia para la orientación norte con el fin de conseguir la mayor cantidad de luz natural y curvada y de doble piel para el resto, con una capa de láminas de acero inoxidable que permiten dosificar la exposición solar y reducir el calentamiento interior según la época. La torre se culmina con lo que su arquitecto denomina un “jardín metafórico”, a modo de corona: sus plantas son antenas y turbinas aerogeneradoras.

Valdrá la pena un viaje a París allá por 2016. Si les parece quedamos en el restaurante de la Tour Phare, planta 66.

Y aquí tienen una entrevista interesante a Thom Mayne, hablando del proyecto de la Tour Phare y de… sostenibilidad:

LA CONTRAINTE IMMOBILIÈRE

Lo único bueno que tienen las demoras en los aeropuertos es que cuando uno va en reserva acaba leyendo todo lo que le cae a mano. Me tropiezo en Le Figaro con un corto con el título de aquí arriba sobre el mercado de oficinas de París firmado por Bernard Audibert, del IEIF –Institut de l’Epargne Immobiliére & Fonciére-. Conocí hace años a Guy Marty, que fundó esa organización y sé que hacen análisis interesantes.

En este artículo explican su seguimiento de la evolución del empleo en oficinas en París centro y en su periferia, Hauts-de-Seine, entre 1992 y 2009. París centro ha pasado en esos 17 años de 538.131 empleos a 541.321, o sea que está prácticamente igual (+0,6%). En la periferia, incluyendo La Défense, ha crecido de 189.505 empleos a 398.387, más del doble (+110,2%). Y dan otro dato significativo: mientras el tamaño medio de las empresas en el centro de París se mantiene en 12 empleados, en la periferia ha crecido de 17 a 28.

Concluye Audibert que el inmobiliario de oficinas determina el empleo, que la variable física manda sobre la variable económica. Y que la constricción del espacio incita a la empresas, en sus reagrupaciones de filiales, fusiones, etc., a abandonar París en favor de la periferia, donde el espacio es menos restrictivo.

Me imagino que los actores del mercado madrileño de oficinas la historia les sonará familiar: cada vez son más las grandes empresas que se alejan del centro. Cuando a la constricción física de los edificios del centro de Madrid le añadimos los nuevos retos de la sostenibilidad en la edificación, el empuje centrífugo es doble, porque la reforma del parque de edificios antiguos es de amortización larga. Las consecuencias son varias y no deseables: mayores tiempos de viaje, vaciado de actividad económica para la infraestructura comercial que ya existe en el centro y ha de ser replicada en la periferia, mayores costes por dotación de infraestructuras, más energía consumida (más CO2 emitido) por más kilómetros recorridos por los trabajadores. No puedo evitar preguntarme si tiene sentido andar pensando en coches eléctricos y cosas así si, al mismo tiempo, no hacemos una reflexión en profundidad sobre el urbanismo sostenible, que estoy convencido debería apoyar una ciudad más compacta.

Hacen falta edificios de oficinas modernos y eficientes para atraer a las empresas. Gobiernos y urbanistas deben encontrar espacio para ellos en el centro de la ciudad, favoreciendo la actualización del parque existente, a base de ganar altura, o liberando espacios que están infra-utilizados.

Ahí están las pistas de los parisinos de lo que pasa si no se hace.

SANHATTAN

Sanhattan sin Titanium La Portada

A principios de 2010 Chile fue invitado a unirse a la OCDE. Es el primer país de América del Sur en conseguirlo, muestra de lo que veinte años de democracia y política económica seria pueden hacer por un país. Chile, con US $ 13.561 de PIB per cápita es todavía un país relativamente pobre en términos occidentales, pero crece con fuerza (5%+ en 2010 pese al terremoto) y como sociedad tiene el índice HDI (Human Development Index de la ONU) más alto de Latinoamérica, aproximándose al de algunos países europeos. Desempleo: 8,6%. Deuda externa total: 38% del PIB (España el 276%). Frente a una Europa endeudada hasta las cejas, algunos países empiezan a demostrar la fortaleza que supone no haberse gastado lo que no tenían.

No es de extrañar que los inversores institucionales hayan empezado a mirar hacia ese lado. Es el caso de Deka, Sigue leyendo

A CITY STROLL

The Gherkin y St. Andrew Undershaft from Leadenhall St.

Allá por el año 1066 andaban Harald III de Noruega, el normando Guillermo el Conquistador y Harold II de Inglaterra disputándose el poder sobre esta última. Acababa de morir sin descendencia el rey (San) Eduardo el Confesor, y los tres esgrimían argumentos para reclamar el trono, sobre los que naturalmente no se ponían de acuerdo. Y naturalmente lo arreglaron, según costumbre, a base de espada y ballesta, esta última el gran adelanto armamentístico de la época. Harold derrotó a Harald en la batalla de Stamford Bridge y Guillermo a Harold en la de Hastings. Harald y Harold murieron, uno en cada batalla. Así que Guillermo de Normandía fue coronado rey de Inglaterra en la Abadía de Westminster, como Guillermo I, el 25 de diciembre de ese año. En 1147, durante el turbulento reinado de Matilde I, se construye en lo que es hoy la calle St. Mary Axe, en la City de Londres, una pequeña iglesia, estilo románico normando o del primer gótico, que llega a Inglaterra por entonces. No se sabe bien, porque esa iglesia no ha sobrevivido. En su mismo sitio se construye en 1532 la que hoy existe, del llamado “gótico inglés perpendicular”: St. Andrew Undershaft. En el incendio de Londres de 1666 se queman un montón de iglesias. Cincuenta y una le encarga Carlos II a (Sir) Christopher Wren que se ocupe de reconstruir y por eso la City abunda en su lápiz. St. Andrew Undershaft no es una porque fue de las pocas que no ardieron. Casi tres siglos después llega la II Guerra Mundial y los bombarderos alemanes no atinan sobre St. Andrew, que de nuevo se salva intacta. Y cuando en 1992 el IRA pone una bomba frente al Baltic Exchange, en 30 St. Mary Axe, al lado de la iglesia, destruye el edificio de oficinas, pero ella vuelve a sobrevivir con la única pérdida de un vitral. Algunos edificios tienen suerte, o special protection!

Ayer tenía yo una reunión de trabajo en Leadenhall y en contra de lo que me suele suceder, llegué con casi media hora de adelanto. Así que me dí un agradable paseo en la fresca mañana londinense hasta el cruce con St. Mary Axe. Y la verdad es que la vista de contraste entre la iglesia de St. Andrew y el edificio de Swiss Re, justo detrás, invita a pensar en la Historia.

El Baltic Exchange no pudo hacer frente a la extensa renovación del edificio que el daño por la bomba del IRA hubiera requerido. Tras bastante polémica Sigue leyendo

EN LAS ALTURAS

Lo de subir y bajar quince o veinte pisos en un ascensor o disponer de climatización que nos asegura una temperatura estable son cosas que estoy seguro que ningún empleado que trabaje en una oficina considera especialmente llamativo. Como desplazarnos mil o mil quinientos kilómetros con ida y vuelta en el día tampoco es inusual para mucha gente. Y sin embargo todas estas cosas son adelantos del último siglo, poco más o menos. Ciento y pocos años para el caso de los rascacielos. Setenta u ochenta para la aviación.

William Le Baron Jenney diseñó lo que muchos consideran el primer rascacielos de oficinas, el Home Insurance Building de Chicago, inaugurado en 1885, de… ¡10 pisos! Fue demolido en 1931, precisamente el mismo año que se completó el Empire State Building en Nueva York, de 102 plantas y 381 metros de altura sin la antena. O sea una secuencia de dos modelos para toda la historia de ese tipo de edificios. A partir de entonces en el mundo se habrán construido millares de rascacielos, muchos o la mayoría de oficinas. ¿Evolución tecnológica? Bueno, sin duda la habrá habido desde la introducción del acero estructural, pero la verdad cuando subí al Empire State y cuando subo a una torre actual, no noto demasiado los 60 ó 70 años de distancia.

Dornier Do X sobre Nueva York, 1931. El Empire State, segundo por la derecha

En el caso de los aviones ha habido más cambio, bastante más. Hacia 1931 circulaban ya algunos aviones de pasajeros, pero sólo para la clase pudiente. No es hasta después de la II Guerra Mundial y la generalización de la propulsión a reacción cuando se inicia el gran crecimiento, con un abaratamiento de tarifas que ha llevado al avión a convertirse en un medio de transporte rápido, barato y seguro. Y en consecuencia masivo. Para ello se han sucedido centenas de modelos y una constante mejora tecnológica.

Ahora ambos, avión y rascacielos, se enfrentan a un nuevo reto: la eficiencia energética. Sigue leyendo